Es muy habitual que en fantasía aparezcan personajes guerreros y que estos, como es de esperar, participen en alguna guerra. Hemos hablado de forma más técnica sobre las armas que pueden emplear, incluso hemos dedicado una entrada a los errores típicos a la hora de describir enfrentamientos. Pero hemos dejado de lado algo importantísimo: como afecta la guerra a nivel psicológico. Generalmente, nuestros personajes matarán enemigos, verán morir a amigos y, con suerte, volverán a casa, victoriosos o no.

Pocas son las novelas fantásticas en las que se trabajan los trastornos psicológicos que se derivan de haber vivido una experiencia tal. Teniendo en cuenta que mi campo de formación no es la psicología, vengo a darte una pincelada sobre esto para que puedas trabajar con profundidad tus personajes.

1. Matar no es fácil, ver morir tampoco

Lo primero que debes tener en cuenta es que matar a otra persona no es fácil. Y no me estoy refiriendo precisamente a la posibilidad física de dejar sin vida a alguien; sino al desagrado natural que poseemos cuando pensamos en arrebatarle la vida a alguien.

Una persona sin ninguna patología, como podría ser una psicopatía, siente aversión hacia el asesinato. Nuestra sociedad actual ve la muerte como una frontera y castiga al criminal que asesina. Por ello, la culpa por haber matado a alguien es más fuerte que el instinto de matar. Por este motivo, para que una persona decida matar a alguien, necesita justificar su elección. En un ambiente bélico, la justificación puede ser el bien común, la protección de todo lo conocido o, incluso, la importancia de eliminar una amenaza. De esta forma, los guerreros que se enfrenten en la guerra tendrán claro que están luchando y matando por algo bueno.

Sin embargo, la experiencia de matar a alguien puede llegar a ser muy traumática, especialmente cuando ves la muerte con tus propios ojos. Cada personaje actuará de forma diferente ante esta situación. Pero es que aún tenemos que pensar en otro aspecto de la guerra: no solo matas, también ves morir a tus amigos y compañeros.

2. Matar es más fácil cuando lo has hecho previamente

Como con cualquier aspecto de nuestra experiencia vital, cuando hemos traspasado un límite por primer vez, se nos hace más sencillo volverlo a traspasar. Sucede lo mismo con el límite moral del asesinato.

Cuando un personaje mata por primera vez, debe ser una experiencia difícil, incluso traumática. Está saltándose un límite moral y debe gestionar todas las emociones que derivan de esto. ¿A qué me refiero con gestionarlo? Debe ser capaz de asumir sus propios actos, sus implicaciones y consecuencias. Y, lo más importante, perdonarse a través de una justificación concreta. Si lo ha sabido gestionar bien, podrá volverlo a hacer y limitar los efectos psicológicos de esta. ¿Pero qué sucede si no ha sabido gestionarlo? Si tu personaje no supera el haber asesinado a alguien y se siente obligado a volverlo a hacer, entrará en una espiral que podrá derivarse en algún trastorno concreto.

3. La neurosis de guerra o trastorno de estrés postraumático

Pero no todo es matar o ver morir, la guerra tiene muchas caras. Piensa que se trata de un grupo de personas agrupadas y destinadas para matar. Viven en constante peligro y amenaza. Su vida pende de un hilo, y son plenamente conscientes de ello. Imagina vivir en constante alerta, incapaz de controlar lo que sucede a tu alrededor. Sin poder dormir, comer ni caminar sin estar pendiente de una emboscada, una granada o un trampa. Esta es la vida de un soldado.

El término neurosis de guerra se acuñó en la primera guerra mundial, antes de que se descubriera el trastorno de estrés postrumatico, y se refiere justamente a esto. Los sentimientos que más abundarán en los guerreros será el pánico, el estrés y la impotencia. La adrenalina del momento puede mitigar en cierta forma algunas de estas emociones, pero el trastorno se intensifica al volver a casa.

Seguro que has visto alguna película americana en la que aparece un veterano de la guerra de Vietnam con trastorno postraumático. La vuelta a la normalidad hace aflorar todo lo vivido en la guerra: el estrés, la impotencia y el pánico. Es algo muy similar al estado de shock, pero mucho más profundo. En muchas ocasiones, el sueño y la vigilia se confunden y el antiguo soldado cree seguir estando en la guerra.

4. Adaptaciones al mundo de la fantasía

Si bien es cierto que podemos encontrar muchas obras de ambientación contemporánea que contemplan este trastorno, en pocas de fantasía se trabaja. Y es curioso, puesto que la fantasía épica está repleta de guerra.

Podría resultar muy interesante trabajar un personaje, guerrero en una batalla de proporciones épicas, con este trastorno. ¿Como puede volver a hacer vida normal cuando ha vivido tal experiencia? ¿No sería interesante escribir sobre un guerrero que no sabe seguir con una vida pacífica? ¿Que siente que aún sigue luchando por el bien de su pueblo y por su propia vida?

O, por otro lado, también podemos trabajar este aspecto dentro de la descripción de nuestras batallas. Debemos ser consecuentes con lo que les suceden a nuestros personajes y darle profundidad a estos a través de una experiencia tal como la guerra. Podemos tomar como protagonista a un personaje guerrero que debe aprender a gestionar todo lo que sucede a su alrededor.

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Y eso es todo por hoy. Te animo a seguir informándote sobre lo que te he explicado hoy si quieres trabajarlo en profundidad en tus obras. Recuerda que si vas a incluir una experiencia bélica en tu novela esta debe ser coherente y afectar a los personajes que participan en ella. ¡Que sea fantasía no quita que pueda ser verosímil!

Cuéntame, ¿conoces alguna obra de fantasía que trabaje este aspecto?

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