Una de las preocupaciones principales de todo escritor es conseguir que nuestros lectores se enganchen a la lectura. En otras palabras, nos preocupa mantener una buena tensión dramática para que nuestro público no pueda despegarse de nuestras hojas. Una de las formas más sencillas de hacerlo es empleando una estructura narrativa o un arco emocional concretos.

0. Estructuras y arcos emocionales: ¿qué son?

Simplificándolo mucho, es una plantilla del avance de la trama que debes adaptar a tu historia concreta y a tus personajes. Cuidado, esto no quiere decir que estemos escribiendo varias historias iguales. Significa que su avance en la trama, la tensión de sus páginas, se regirán por una misma estructura o un mismo arco emocional. ¿No te ha dado la sensación de que varias historias podrían resumirse en una? Seguramente es porque están siguiendo un mismo esquema.

Las estructuras y los arcos tienen como ventaja que pueden adaptarse a cualquier género o tipo de novela, pues su descripción es suficientemente amplia como dar cabida a cualquier novela. La diferencia entre ambos es que las estructuras son más complejas, mientras que los arcos son más sencillos y se centran en las emociones de los protagonistas. Esta sencillez es lo que nos otorgará mayor libertad para jugar con estos arcos. Hoy hablaremos sobre los 6 más prototípicos y daremos ejemplos concretos para que puedas entender perfectamente a lo que me refiero.

1. El ascenso

Se trata de uno de los arcos emocionales más sencillos. El o la protagonista empieza en una situación complicada y la historia avanza hasta que alcanza un final feliz. En muchos casos, este ascenso se traduce en conseguir un mérito concreto, cumplir un sueño o alcanzar la riqueza.

De forma general, se tratan de historias que buscan resaltar la esperanza y la idea de justicia. En cierto modo, son historias en las que aparecen pocos conflictos y la trama está centrada en alcanzar el objetivo final.

Un ejemplo claro de este arco es «Alicia en el País de las Maravillas», donde la trama avanza de forma progresiva hasta su final feliz.

2. La caída

Es el arco emocional contrario al anterior. El o la protagonista inicia la historia en una situación feliz o próspera y acaba con un final trágico. Cada autor trabajará con un final trágico diferente que puede variar desde la pobreza más absoluta hasta la muerte de los protagonistas.

De forma general, es el arco emocional que se emplean en las tragedias dramáticas y de ese género conservamos muchos ejemplos. Uno de los más famosos es «Romeo y Julieta», donde la trama se precipita hacia el final trágico que todos conocemos.

3. Renacimiento

Este arco emocional se inicia en la cúspide, pero algo provoca el descenso del o la protagonista. Sin embargo, consigue avanzar la trama hasta alcanzar, de nuevo, un final feliz. De hecho, en muchas ocasiones, el personaje acaba alcanzando una posición mayor que la poseía al principio.

Con este arco, podemos trabajar la figura del héroe. Pues se trata de una trama que implica superación personal, perseverancia y fuerza para luchar y conseguir un objetivo concreto. Una de estas heroínas podría ser Dorothy de «El mago de Oz»: empieza feliz en Kansas, se pierde en una tierra desconocida y vuelve de nuevo a casa con sus seres queridos.

4. Vuelo de Ícaro

Este arco emocional empieza su andadura con un conflicto, un problema, poco a poco se soluciona hasta llegar a un clímax. Sin embargo, el alcanzar este clímax provoca una caída en picada hasta un final trágico.

Esta estructura recibe el nombre del mito de Dédalo e Ícaro. Padre e hijo, encerrados en el laberinto del Minotauro por el rey Midas. Deciden escapar construyéndose unas alas de madera y cera. Sin embargo, Ícaro se acerca demasiado al sol, desobedeciendo a su padre, y acaba cayendo en picado para morir ahogado en el mar.

Se trata, pues, de una estructura en la que encontramos a un personaje que intenta luchar contra las adversidades, pero no logra su propósito. La tensión aumenta en ese clímax que parece anunciar una resolución positiva, pero se deshincha de golpe con la caída trágica.

5. La Cenicienta

Este es uno de los arcos emocionales que suelen gustar más. Se trata de una estructura que empieza con un inicio difícil que va mejorando hasta llegar a un clímax. Sin embargo, algo provoca una caída drástica, pero todo se resuelve en un final feliz.

Un ejemplo claro es el cuento que da nombre al arco. Cenicienta empieza su historia en una situación infeliz, consigue llegar al baile y encandilar al príncipe, pero esto provoca la ira de su madrastra. Sin embargo, el zapato de cristal consigue que encuentre, por fin, un final feliz.

6. Edipo Rey

Es justo el arco emocional contrario al anterior. La historia se inicia en un caída que remonta en un clímax. Sin embargo, su desenlace será trágico. Normalmente, con este arco, se tiende a jugar con la mala suerte o las malas decisiones tomadas por el protagonista.

Un ejemplo claro es el mito que le da nombre. Edipo es desterrado de su hogar recién nacido por una profecía que dicta que matará a su padre y se acostará con su madre. Cuando crece, mata a su padre sin saber quién es realmente y acaba liberando a su pueblo de una esfinge. Como premio, se gana el trono y se casa con la reina, su madre, con quien tiene tres hijos. Cuando descubre su origen, se arranca los ojos.

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Eso es todo por hoy. Toda historia tiene su propio arco argumentativo, pero si buscas darle tensión a tu historia, puedes adaptarla a alguno de estos arcos para jugar con las expectativas de tus lectores.

Cuéntame, ¿qué arco acostumbras a usar más?

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