Una de mis últimas lecturas ha sido «Aracnefobia» de Celia Añó, @BrujadelTeatro en redes sociales. Ha sido una de la primera novelettes que he leído y me ha dejado más que fascinada por lo bien trabajada que está la trama.

1. «Aracnefobia» de Celia Añó

Para quien no conozca la obra, ha sido editada por Literup y la sinopsis es la siguiente:

¿Qué ha sucedido entre Aracne, la refinada hija de la Viuda de Armeló, y Adrien, el encargado de protegerla? Quizás Aracne no le echó un ojo como debía a su sirviente. Quizás Adrien no tuvo mucha mano al tratar con esa chica caprichosa. Pero aunque se detestan, parece que por fin se han puesto de acuerdo en algo: matar al otro.

Se trata de una novelette que explora la idea de que los dos personajes principales son, a la vez, antagonista y protagonista dependiendo de la voz narrativa que esté explicando la historia. Como os podéis imaginar, los capítulos entrelazan los dos puntos de vista de ambos personajes; pero es que, además, Aracne explica la historia de forma cronológica pero Adrién empieza por el final y va avanzando hasta el principio.

Es decir, que empezamos leyendo el capítulo 1 y, a continuación, leemos el 18. Esto provoca que empieces leyendo la historia sabiendo como va a acabar. Y empieza fuerte porque el final implica a una pistola que acaba de ser disparada.

Pero es que Celia jugará tanto con la trama que nos enredará entre sus telarañas. Esto lo consigue explotando hasta el limite el principio narrativo de la pistola de Chéjov y jugando con las pretensiones y prejuicios del lector.

2. La pistola de Chéjov

Anón Chéjov, un escritor ruso de finales del siglo XIX y principios del XX, fue considerado un maestro del relato corto. En varias cartas dirigidas a otros colegas escritores, Antón formuló lo que ahora se ha renombrado como «La pistola de Chéjov». Dice así:

Elimina todo lo que no tenga relevancia en la historia. Si dijiste en el primer capítulo que había un rifle colgado en la pared, en el segundo o tercero este debe ser descolgado inevitablemente. Si no va a ser disparado, no debería haber sido puesto ahí.

En otras palabras, todos los elementos introducidos en un relato corto deben ser útiles para la trama narrativa. Esto se ha extrapolado hoy en día también en novelas pero, sobre todo, en sus hermanas más pequeñas: las novelettes.

De esta forma, Celia Añó en «Aracnefobia» ha jugado hasta romper este principio. Cada detalle de la trama, cada elemento que parece superfluo aparece en ella por alguna razón. La magia de su historia es que no entiendes la importancia de ellos hasta que no descubres el final.

Está tan bien trabajado que toda la trama te lleva de la mano, haciéndote pensar algo muy concreto mientras te va soltando pequeños detalles que deberían hacerte dudar. Al llegar a los últimos capítulos, rompe tus espectativas y es cuando te das cuenta de la importancia de ese minúsculo detalle que apareció durante un instante.

3. Una lectura que vale por dos

La propia autora ya ha dicho diversas ocasiones que la novelette está pensada para ser leída dos veces. La primera sin conocimiento de causa y la segunda para entrar más en profundidad en la historia. De hecho, ella recomiendo leerlo una vez tal y como está editada y, en la segunda, seguir el orden cronológico.

Como escritores, además de disfrutar de una obra que nos va a obligar a volver a releerla, podemos aprender muchísimo. El punto más fuerte es, por supuesto, la creación de la trama narrativa, que tal vez puede inspirarnos para intentar crear algo semejante.

Pero no es lo único bueno que tiene. También podemos aprovechar la lectura para ver lo fácil que es describir un personaje solo dando una rápida pincelada. Incluso podemos aprender a describir a través de sentidos que no son la vista, puesto que Aracne es ciega y describe su entorno a través del tacto, el oído y el olfato.

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Eso es todo por hoy. Sea como fuere, te recomiendo encarecidamente esta lectura. Hacía mucho que no traía algo semejante a una reseña en mi blog. Si te gusta, dímelo en comentario y traeré más análisis de mis lecturas actuales.

Cuéntame, ¿has leído «Aracnefobia»? ¿Qué te ha parecido?

 

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