Si bien es cierto que la saga de Harry Potter ha triunfado mundialmente, también es verdad que tiene grandes lagunas de worldbuilding y creación de personajes. Como gran fan de la saga, llevo muchos años disfrutando de sus tramas y de sus personajes. Pero, ahora, como escritora, toca ponerse un poco seria y analizarlo con ojos críticos. J. K. Rowling triunfó por estar en el lugar y el momento adecuado, no por calidad literaria. Sin embargo, podemos tenerla de referencia: fijarnos en los puntos fuertes que podemos imitar y los débiles que deberíamos evitar. En la entrada de hoy, nos fijaremos en los errores de creación de personajes.

1. Personajes planteados como parte de una casa vagamente definida

Uno de los aspectos más llamativos de la saga de Harry Potter es que todos los alumnos de Hogwarts son encasillados nada más entrar dentro de una de las cuatro casas de los fundados de la escuela de hechicería. Aunque esto es un punto muy interesante con el que poder jugar con prejuicios y falsas primeras impresiones, J. K. Rowling lo reduce a una forma simple de definir a sus personajes.

El primer error que le veo a su sistema es que la división acaba siendo muy maniqueista: los malos van a Slytherin y los buenos a Gryffindor; los listos se quedan en Ravenclaw y los tontos en Hufflepuff. Si bien es cierto que intenta solucionar esta maniqueísmo con Malfoy y Snape, solo añade un par de excepciones a la regla.

¿Esto quiere decir que dividir una sociedad de esta forma es inorrecto? No, para nada. Pero hay que saberlo hacer correctamente. Una sociedad que divide a su población de forma tan maniqueísta puede ser muy interesante en una novela, pues te ayuda a jugar con las dobles caras de los personajes. Estos se comportarían de la forma de se espera a su categoría, o a la que esperan entrar, para mantener unas ventajas o condiciones concretas. De esta forma, creas una sociedad basada en un engaño colectivo, donde todo el mundo dice ser alguien y seguir unos ideales que, realmente, no siente como propios.

En resumen: si usas este recurso, recuerda no hacerlo como J. K. Rowling y aprovéchalo para dar profundidad a tus personajes.

2. Evolución del héroe y del villano poco (o nada) trabajada

Si bien es cierto que los libros de la saga evolucionan al mismo ritmo que lo hacen los personajes y los lectores, esta madurez emocional que se aprecia en los adolescentes no se aprecia en la madurez de la figura del héroe. Uno de los puntos interesantes de las novelas con un héroe que acaba venciendo al villano es que este héroe evolucione y crezca. Este crecimiento personal debe ir acompañado siempre de una mejora en sus habilidades. Pero Harry acaba venciendo con el primer hechizo que aprende.

La gracia de las sagas largas donde hay un enfrentamiento constante entre villano y héroe es que ambas partes aprendan de sus errores y cada vez sea más difícil vencer al otro. De esta forma, los lectores pueden apreciar como el héroe aprende y evoluciona. Pero esto no es lo que pasa con Harry Potter. De hecho, mientras sí se trabaja su evolución emocional, se deja a un lado su aprendizaje como héroe y todo el peso de la resolución del conflicto recaen en otros.

Pero cuidado, porque pasa lo mismo con Voldemort. El hechicero más poderoso de todos acaba siendo derrotado, año tras año, por un niño que prácticamente no sabe hacer magia. Las decisiones de este villano no solo son poco maduras, sino que contradicen en gran medida la creación del personaje. Alguien que ha dominado todo el reino mágico, no puede ser tan descuidado ni dejarse vencer una y otra vez por un niño.

Como escritores, debemos ajustarnos a nuestros personajes y no permitir que la trama avance hacia donde deseamos si esto contradirá lo qué es un personaje en concreto. Creo que hubiera sido mucho más interesante si esta tensión entre antagonistas se hubiera trabajado desde la madurez y un progresivo aprendizaje entre ambos.

3. Simpleza de la mayoría de antagonistas y redención poco realista

Ligado con lo comentado anteriormente, otro punto débil de la creación de personajes de la saga de Harry Potter son el resto de antagonistas. Para dotar al su universo de más variedad, J. K. Rowling acierta añadiendo otros antagonistas para hacer aumentar la tensión de la trama. Sin embargo, muchos de ellos están trabajados muy simplemente y su evolución se reducen en un arco redentor poco creíble.

Empecemos hablando de Draco Malfoy. Él, junto a su familia, es el principal antagonista de los primeros libros: Draco se enfrenta y acosa a Harry durante toda la saga, Lucius es quien introduce el diario que provocará que se abra la cámara de los secretos y es quien usa sus influencias para encarcelar a Hagrid. Son, claramente, personajes que podriámos definir como racistas, sádicos y fieles a Lord Voldermort. ¿Dónde está lo interesante de este personaje? En el giro evolutivo de Draco Malfoy. En el momento en el que debe enfrentarse a la orden de asesinar a su director, todo su mundo cambia. Ha madurado y ha entendido las verdaderas implicaciones de todos sus actos. Se da cuenta de que ser mortífago no es tan guay como él creía y debe debatirse ante la posibilidad de matar a alguien. Como se ha dado cuenta de todo esto, y viendo cómo Lord Voldermort trata a su familia, decide armarse de valor y actuar ayudando a Harry, porque se ha dado cuenta de lo que quiere. Es una redención genial, porque es un cambio que se palpa durante dos libros y que se va trabajando a fuego lento. Un buen ejemplo a imitar, de hecho.

¿Qué sucede, en cambio, con Snape? Se trata de un personaje al que la autora intenta redimir a través del amor. Un amor poco y mal trabajado. Y, además, a través de una redención poco creíble. Justo al final de la saga, se descubre que Snape estaba enamorado de Lily y, por ello, era un agente doble fiel a Dumbledore. Se supone que deseaba proteger a Harry porque se sentía culpable al propiciar la muerte de Lily. Sin embargo, este cambio no se corresponde con la realidad: Snape acosa a Harry. Se trata de una persona adulta, un profesor, que humilla y desprecia públicamente a Harry. Pero quede redimido porque estaba obsesionado por Lily. No sólo no es una redención poco elaborada, sino que, además, se justifica dentro de un amor obsesivo y tóxico.

En resumen, recuerda que las redenciones deben ser creíbles ante los actos de tus personajes, acorde con su personalidad y su justificación debe estar bien trabajada y ser coherente.

4. Introducción de personajes no normativos a posteriori

Uno de los aspectos más desesperantes de J. K. Rowling es que decide introducir personajes no normativos después de escribir y publicar su obra. Si bien es cierto que un personaje no heterosexual no debería tener rasgos cliché que lo identificara como tal, sí debe quedar claro en la obra que se trata de una orientación sexual diferente a la norma.

Es evidente que J. K. Rowling quiso subirse al carro de la inclusión y, en lugar de escribir un nuevo libro introduciéndolos, decidió que era más práctico llenar su obra de personajes no normativos a posteriori. Ojalá tu obra tenga tanta éxito como para que puedas hacer eso. Pero, por favor, introdúcelos antes de hacer semejante estupidez.

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Y eso es todo por hoy. Es muy interesante leer a otros autores con ojos de escritor, porque así puedes aprender de sus logros, pero también de sus pequeños fracasos. Hoy he desgarrado a una de mis autores favoritas de mi infancia, pero es importante desmitificar a nuestro autores favoritos para poder aprender y mejorar como escritores.

Cuéntame, ¿qué opinas sobre los personajes de J. K. Rowling?

 

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2 Comentarios

  1. Mucho gusto. Los libros de Harry Potter siempre han sido un ejemplo de producción comercial, muy pegajosos (atractivos) pero de calidad media.
    la primera contradicción que noté en HP fue que al inicio ella coloca a slytherin como una gran casa, tradicional para los personajes malos, pero con magos y estudiantes igualmente buenos. Sin embargo en el resto de los libros ninguno sobresale y al contrario los encasilla como magos idiotas, malos irracionales, etc.
    las demás casas siempre las dejó prácticamente relegadas como relleno en el cuento.

    Una saga que los supera mucho más es la de La Materia Oscura, de Philip Pulman. Totalmente superior. Lamentablemente topó con adversarios reales en el negocio de los medios y con el fanatismo religioso que no le permitió desarrollar películas de alta calidad.

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