Las amazonas y otras mujeres guerreras

En el capítulo en el que te contaba el desencadenante de la guerra de Troya, te planteé la opción de dedicar un capítulo sobre mujeres guerreras en la mitología griega. Visto el interés que causó la propuesta, vengo con este capítulo en el que pretendo revindicar la existencia de mujeres en los asuntos bélicos. No me centraré solo en las guerreras en un sentido tradicional, sino también te traigo mujeres que lucharon por los suyos, que defendieron sus intereses o que se vengaron de sus agresores.

1. Las amazonas

No hay un grupo de mujeres guerreras más controversial y discutido que las amazonas. En la mitología, se trataba de un pueblo compuesto únicamente por mujeres guerreras. Seguramente hayas oído que eran expertas jinetes, magníficas con el tiro al arco y asesinas brutales. Pero, ¿hay un ápice de realidad en estas historias?

1.1. Las amazonas en la mitología

Empecemos por el principio. La mayoría de textos afirman que las amazonas (o aquellas más importantes) son hijas de Ares, el dios de la guerra, y la ninfa Harmonía. Heredaron de su padre su carácter belicoso y su ferocidad en el combate. Son llamadas de diferentes formas, Heródoto las apodó Andróctonas («asesinas de varones»), mientras que Homero, en la Ilíada, emplea un epíteto más neutro: Antianiras («las que luchan como varones»).

Se trata, pues, de un grupo femenino que habitaban cerca del mar Negro (actual Turquía), donde formaron una reino independiente bajo el gobierno de sus reinas, una de las más conocidas fue Hipólita, que portaban como símbolo de soberanía y poder el cinturón de Ares. Eran sobresalientes en la guerra, pues practicaban las costumbres varoniles.

La imagen que se tiene de las amazonas es que vivían de forma nómada en la frondosidad del bosque, en tierras lejanas y apartadas de la civilización griega. Sin embargo, encontramos en varios relatos que llegaron a fundar ciudades como Esmirna, Éfeso, Sinope y Pafos.

Amazona preparándose para la batalla, por Pierre-Eugène-Emile Hébert (1882)

Ningún varón adulto tenía permiso para residir en el país de las amazonas, pero una vez al año visitaban a su vecinos para concebir. Se quedaban con las hembras y a los niños o los devolvían con sus padres, los abandonaban o les arrancaban una extremidad o los ojos para convertirlos en sus criados. A las niñas, en cambio, las entrenaban para convertirlas en magníficas jinetes y grandes cazadoras y combatientes. Para ello, les comprimían el pecho derecho para que nos les estorbara al lanzar la jabalina, mientras que el izquierdo lo empleaban para amamantar.

Hago un «pequeño» inciso para aclarar la «leyenda» sobre que se cortaban el pecho. Se trata de una confusión por una etimología popular, es decir, una explicación lógica del origen de la palabra «amazona», pero que no tiene evidencia lingüística. Los lingüistas tienen bastantes teorías al respecto del origen del término amazonas, seguramente derive del iraní o el persa, de un término que quería decir guerra o guerrero. También se especula de otro origen, en este caso protoindoeuropeo, que vendría a significar «sin hombres o sin maridos». Sin embargo, los griegos clásicos, tomaron la palabra como griega y la descompusieron en el sufijo «a» («sin»), seguido del lexema «mazos» («pecho»). De ahí, la idea de que las amazonas, literalmente, sean para ellos «mujeres sin pecho». Es algo que no se imaginaba así en la Grecia arcaica, de hecho, en todas las representaciones de amazonas aparecen con dos pechos.

En toda la cultura griega, las amazonas aparecen siempre como antagonistas de los héroes griegos. No son las protagonistas ni las heroínas de ninguno de los relatos que hemos conservado. Aparecen, sobre todo, para verse derrotadas por los grandes héroes: Aquiles venció a la reina Pentesilea en la guerra de Troya, Heracles le robó el cinturón a Hipólita en uno de sus doce trabajos, Belerofonte consiguió evitar la invasión amazona en Licia…

Además, también se las nombra a menudo haciendo incursiones militares contra los griegos. Príamo, rey de Troya, tuvo que ayudar a los frigios contra ellas; el fantasma de Aquiles tuvo que proteger sus propias cenizas de una expedición que hicieron las amazonas en la isla de Leuce; salieron victoriosas al enfrentarse a los atalantes y a las gorgonas, según un relato de Diodoro…

Es decir, son un grupo de mujeres guerreras que aparecen continuamente retratadas como enemigas en los relatos mitológicos.

1.2. Las amazonas en la historia

Y, ahora, la pregunta interesante: ¿estas mujeres guerreras llegaron a existir?

En términos generales, los historiadores de la cultura griega o latina aceptaron la existencia de las amazonas. De hecho, Hérodoto las nombra como origen de los sármatas. Un grupo de amazonas huyeron hasta Escitia (actual Crimea), adoptaron un modo de vida nómada y se dedicaron a vivir de la caza, la pesca y el saqueo. Los habitantes de Escitia, incapaces de soportar ni evitar los ataques, envía un grupo de jóvenes a seducirlas. Ellas acceden a contraer matrimonio, pero ponen condiciones: quieren mantener su modo de vida y retirarse a vivir fuera de Escitia. Así, acaban asentándose cerca del actual río Don y su progenie se convirtió en los sármatas.

Me parece especialmente curioso este fragmento de las Historias de Heródoto, en las que las amazonas explican sus razones:

…a nosotras no nos es posible vivir en compañía de vuestras hembras, pues no tenemos la misma educación y crianza que ellas. Nosotras disparamos el arco, tiramos el dardo, montamos un caballo, y esas habilidades mujeriles de hilar el copo, enhebrar la aguja, atender a los cuidados domésticos, las ignoramos: vuestras mujeres, al contrario, nada saben de lo que sabemos nosotras, sino que sentadas en sus carros cubiertos hacen sus labores sin salir a caza ni ir a parte alguna.

Heródoto, Historias, Libro IV

Son nombradas por diversos historiadores, especialmente en situaciones bélicas: incursiones amazónicas que tuvieron que intentar detener o, en algunas ocasiones, las propias amazonas enviaban ayuda en algún conflicto. También se las considera las creadoras del hacha de guerra, lo que se ha relacionado actualmente con el sagaris, una arma parecida a un hacha asociada tanto a las amazonas como a las tribus escitas.

Amazona montada con traje escita, en una vasija ática de figuras rojas (ca. 420 aC)

A medida que avanzan los siglos, se van volviendo más escépticos sobre su existencia hasta llegar a ser consideradas prácticamente un mito. Esto fue un acuerdo tácito por todos los historiadores (masculino no genérico) del s. XX hasta que se empezaron a hallar restos arqueológicos de enterramientos de mujeres con útiles de batalla. Aunque la primera respuesta a esto por los historiadores (de nuevo, masculino no genérico), fue atribuirle a la mujer enterrada ser la esposa o la hija de un gran guerrero, la lógica nos lleva a pensar que seguramente existieron mujeres guerreras en la antigüedad.

Por lo que, de nuevo, se abre la posibilidad de que el pueblo de las amazonas fuera real. Las especulaciones más coherentes las sitúan en Escitia, puesto que las evidencias arqueológicas confirman la existencia de mujeres guerreras entre el pueblo sármata. Para que te hagas una idea, los enterramientos de mujeres sármatas armadas suponen un 25% de los enterramientos militares del grupo, y solían ser enterradas con arco.

Si bien parece coherente que un pueblo arme también a sus mujeres, el relato de las amazonas nos muestra una sociedad matriarcal en la que los hombres no tienen cabida. Pues bien, este aspecto podría tener una base histórica. La arqueóloga Vera Kovalevskaya señala que cuando los varones escitas salían a luchar o a cazar, las mujeres nómadas debían defenderse a sí mismas y a su ganado. Durante la época en la que los escitas se fueron extendiendo, batallando y conquistando Asia, logrando casi la hegemonía en el noreste, hubo un período de 28 años en el que los hombres habrían estado fuera en campaña. Durante este tiempo, las mujeres no solo tendrían que defenderse, sino también reproducirse, y de ahí podría surgir la idea de que las amazonas se emparejaban una vez al año con los pueblos vecinos.

Con todos estos datos sobre la mesa, parece lógico pensar que los griegos vieran a estas extrañas mujeres guerreras, que vivían sin hombres, que eran formidables jinetes y arqueras, y las convirtieran en parte de sus mitos e historias. Lo que nos tendría que preocupar es cómo se duda de de la posibilidad de que un pueblo estuviera formado por mujeres guerreras al misno nivel que se niega la existencia de los dragones o caballos alados.

2. Atalanta

A diferencia de las amazonas, que están planteadas como un pueblo más allá de la civilización griega y, además, como enemigas; nos encontramos a Atalanta, una heroína griega que era una más entre los argonautas de Jasón.

Encontramos dos versiones de Atalanta, o bien dos personajes diferentes con el mismo nombre: la Atalanta de Arcadia y la de Beocia. La arcadia era hija de Yaso y, por lo tanto, nieta de Licurgo, rey de Arcadia; mientras que la beocia era hija de Atamante y nieta de Esqueneo, rey de Beocia. La versión de Arcadia nos narra su nacimiento y sus andanzas con Jasón, mientras que la beocia se centra en su peculiar propuesta de matrimonio.

Cuando nace en Arcadia, su padre ordena que se la abandone en los montes, ya que él solo quería hijos varones. Así hicieron y fue amamantada por una loba que había perdido a sus cachorros hasta que se la encontraron unos cazadores. Estos la criaron en las montañas y ella decidió quedarse allí y tener una vida de virgen cazadora y habitar en una cueva. Cuando dos centauros se acercaron a su cueva para pretender abusar de ella, Atalanta los mató con dos flechazos certeros. Este primer hito, siendo una adolescente, la muestra como una heroína equiparable a sus coetáneos masculinos.

Meleagro y Atalanta. Fresco antiguo de Pompeya.

Los autores Diodoro y Apolodoro la incluyen en la lista de argonautas, aunque la tradición más antigua no la incluye en esta. Una de las versiones cuenta como Jasón se la encuentra y le regala una lanza; ella, tras conocer el propósito de Jasón, pide ingresar en la expedición, pero él se niega, temiendo que los hombres se enamoren de ella y lucharan entre sí por conquistarla. A pesar de ello, Atalanta formará parte de la tripulación y será una más. De hecho, en Yoclos consigue vencer a Peleo en la competención de lucha.

Su mito más importante o, al menos más representado, es su intervención en la cacería del jabalí de Calidón. Fue ella la primera en herir a la bestia y Meleagro, el líder de la cacería, quedó tan impresionado por su valentía que le entregó el premio, a pesar de que había sido él quien había dado muerte al jabalí. Ella regresó a casa con grandes trofeos, entre ellos, los colmillos gigantes del jabalí, que fueron expuestos en Tegea como muestra de su heroicidad.

Cuando el padre beocio de Atalanta insistió en que tenía que sentar cabeza y casarse, ella intento escapar de la obligatoriedad del matrimonio obligando a sus pretendientes a competir en una carrera a riesgo de sus vidas. Si mantenemos la versión en la que fue abandonada, Apolodoro nos da una motivo por el que los padres la presionan a ello: se reencuentran en su edad adulta. Sin embargo, es evidente que esta leyenda está creada alrededor de una Atalanta criada en casa.

Lo interesante del mito es que rompe con el relato tradicional en el que es el padre quien compite con los pretendientes de su hija. Atalanta se enfrenta ella misma a sus pretendientes para librarse de ellos. Según Apolodoro, trazó el curso de la carrera y clavó en mitad del recorrido uan estaca. A continuación explicó a los pretendientes que ellos saldrían desde la estaca y ella desde la salida y completamente armada. Si alcanza a un pretendiente, lo atravesaría con su lanza por la espalda, pero quien llegara a la meta antes que ella tendría el derecho a reclamarla como esposa.

Después de matar a un gran número de pretendientes, un joven consiguió vencerla con ayuda de Afrodita. La tradición beocia nombra a Hipomenes, hijo de Megareo, rey de una ciudad al sur de Beocia; mientras que la arcadia nombran a su primo Milanión. El vencendor, fuera uno u otro, suplicó a la diosa del amor y esta le entregó unas manzanas de oro, le dijo que las arrojara detrás de él durante la carrera, de modo que Atalanta se retrasaría cada vez que se agachara a recogerlas. Se dice que estas eran como las manzanas de las Hespérides, que recogió Heracles; Ovidio nos cuenta que las trajo Afrodita del manzano que había en su ruta sagrada en Chipre. Existe una versión diferente, en la que nos cuenta como Milanión se ganó el amor de Atalanta sin trampas, simplemente siendo su compañero en diferentes cacerías.

A menudo se explica que Atalanta y su esposo fueron transformados después de la boda. Existen dos motivos de dicha transformación, en una de ellas el pretendiente ofende a Afrodita al no agradecerle el favor de las manzanas y esta les hechiza para que copulen en el santuario de la diosa Tierra (Cibeles en este caso), por lo que la diosa primigenia se ofende y provoca esta metamorfosis. La otra nos cuenta que la pareja, tras una caceria fructífera, le festejan copulando en el interior de un recinto sagrado a Zeus y el dios los castiga. Esta metamorfosis es mucho más cruel si somos conscientes de que, en el imaginario griego, los leones no copulaban entre sí, pues se creía que solo lo hacían con leopardos.

Vemos, por lo tanto, una figura muy curiosa en Atalanta. Una de las más famosas mujeres guerreras de la Antigüedad, pero que tiene muy pocas historias en las que actúe como protagonista o figura central; y, además, tiene un final trágico en el que es castigada. Seguramente se trata de una figura que se haya ido modificando y alterando a lo largo de los siglos, pero es una pena que nuestra única heroína griega tenga un final como este.

Jennifer Sait publicó no hace mucho Atalanta, una obra que noveliza el mito de Atalanta. Yo lo leí esperando encontrar un relato en el que Atalanta fuera la protagonista, pero al final se trata de una historia sobre los argonautas explicado desde su punto de vista.

3. Medea

Atalante no era la única mujer que convivía con los argonautas, sino que entre ellos se encontraba también Medea. Aunque al pensar en mujeres guerreras, pensamos en alguien que ejercer un poder físico, Medea es un personaje muy interesante que, igual que Atalanta, demuestra una y otra vez su valía en los enfrentamientos que se encuentra a lo largo de toda su aventura.

El personaje de Medea daría para un capítulo para ella sola, por lo que permíteme centrárme en lo que nos concierne hoy. Si deseas un capítulo sobre Medea, déjamelo en los comentarios para tenerlo en cuenta.

«Medea y Jasón» de John William Waterhouse

Medea era hija de Eetes, rey de la Cólquida, quien poseía y custodiaba el vellocino de oro, objetivo de la misión principal de Jasón. Medea era nieta de Helios y, por lo tanto, sobrina de la hechicera Circe. Suele repreentarse como sacerdotisa de Hécate, pues aprendió de ella, junto a Circe, los principios de la brujería, convirtiéndose en una de las más poderosas. Medea comparte con Circe y Calipso el arquetipo de mujer autónoma e inusual, contraria al ideal femenino de la época.

Adopta el papel de doncella ayudante con Jasón, pues se opone a su propio padre al ayudarle a robarlo. Matará a su propio hermano para asegurar la victoria de Jasón, quien le ha prometido que se casará con ella. Viajará junto a los argonautas, como una más, empleando sus pócimas, remedios y hechizos para sanar y ayudar a la tripulación. Jasón y ella terminan casados, pero este la traiciona una y otra vez, pretendiento entregarla o abandonarla para asegurar su propia victoria o bienestar.

Tras diez años de matrimonio y tres hijos en común, Jasón decide abandonarla para casarse con la princesa Creúsa, hija del rey Creonte. Se basa en que, como Medea es extranjera, su matrimonio es ilegítimo y, por lo tanto, no está rompiendo ningún voto sagrado. La fortaleza y fiereza sale de Medea al comprender que la persona con la que ha convivido tanto tiempo, a la que ha salvado infinidad de veces y por el que ha luchado incluso contra su propia familia, va a dejarla abandonada. Así que decide matar a sus propios hijos y a la prometida de Jasón.

Finalmente, la hechicera escapa e inicia un peregrinaje por Grecia buscando un nuevo amor, un nuevo hogar. Se reencontrará con Heracles, se casará con un rey y acabará volviendo y recuperando el trono de la Cólquide.

Si bien es cierto que la figura de Medea ha sido monstruosa, podemos ver en ella la fortaleza de una mujer que hace todo lo que está en su mano por sobrevivir y garantizar el bienestar de los suyos. Las lecturas patriarcalas la tachan de malvada y, aunque comete hechos horribles, pueden entenderse sus motivos.

Si quieres conocer un poco más de ella, hay una novela bastante interesante sobre su personaje: Medea de Rosie Hewlett

4. Ménades

Cuando pienso en mujeres guerras en la mitología griega, como sinónimo de mujeres fuertes, poderosas, violentas y agresivas, me vienen a la cabeza las ménades, que ya te había hablado de ellas en el capítulo dedicado al dios Dioniso.

Estas mujeres formaban parte del séquito del dios y su nombra significaba, literalmente, «mujeres locas», aunque podríamos interpretarlo actualmente como mujeres liberadas. Dioniso era un dios especialmente femenino pues no solo era el dios del vino y de la fiesta, sino también aquel que nos permitía deshinibirnos, deshacernos de convenciones sociales y permitirnos ser nosotras mismas. Es decir, liberarnos. También se las podía conocer como bacantes, Thyiades («mujeres poseídas o inspiradas») o Bassarides («vestidas con piel de zorro»).

Ménade bailando. Copia romana de un relieve griego de finales del siglo V a. C.

Estas mujeres eran especialmente fuertes, capaces de despedazar cabras, toros y humanos con las manos; el fuego no las queman ni las armas las hieren. Tal es el frenesí del combate, de la batalla, que solo actúan impulsadas por la orden del dios. A pesar de la violencia que pueden llegar a ejercer, también pueden obrar milagros como hacer surgir fuentes de leche o vino del suelo. Además, mantienen una honda simpatía con los animales que sacrificaban, pues Dioniso tabmbién es conocido como un dios de la tierra, vinculado a los espíritus naturales.

Tal era la fuerza de estas mujeres, que Dioniso las emplea para lograr sus veganzas. La más famosa es el enfrentamiento entre Dioniso y Penteo, rey de Tebas. Esta historia está recogida en una tragedia griega, escrita por Eurípides: Las bacantes. Las hermanas de Sémele, madre de Dioniso, niegan que este fuera hijo de Zeus, pues creían que se inventó esta historia para proteger a su amante mortal. Para defender su divinidad, Diniso enloqucerá a las tres hermanas, junto a otras mujeres, y las hace vagar por el monte. Cuando su primo, hijo de una de las hermanas de Sémele, se infiltra disfrazado de mujer para conocer los secretos y enseñanzas del dios, este hace que sus bacantes lo descuarticen. Su propia madre, ya liberada del influjo del dios, traerá a palacio su cabeza, creyendo que se trataba de la de que un león.

Algo muy parecido sucedió con las Miníades, las hijas de Minias, rey de Orcómeno, llamadas Leucipe, Alcítoe y Arsipe. Se negaron a participar en los ritos de Dioniso y no salieron con el resto de mujeres a vagar por el monte. El dios les muestra su poder, en algunas versiones personándose ante ellas, en otras haciendo que rezume miel y néctar de sus telares. Asustadas, deciden hacer un sacrificio al dios. Depende la versión, llevadas por la locura del dios o totalmente cuerdas, descuartizan al hijo de una de ellas y lo llevan al monte con el resto, pero son rechazadas debido al acto atroz cometido. Hermes las tocará con su vara y las transformará en un cuervo, un murciélago y un búho.

También empleó Dioniso a sus bacantes para luchar contra Perseo en Argos. Diniso atacó a la ciudad con su ejército de mujeres, pero Perseo mató a muchas al salir a proteger su ciudad. En algunas versiones, llega a matar a la propia Ariadna, esposa de Dioniso. Según la versión que leamos, nos cuentan como Perseo consigue matar a Dioniso arrojándolo a las aguas del lago de Alcíone, una de las entradas al Inframundo. En otras, el dios consigue sobrevivir y malherido, lanza una maldición a la ciudad. Enloquece a las mujeres de Argos, que devoran vivos a sus propios hijos lactantes. Consigieron apaciar al dios construyendo un templo en su honor, pues este había sido el principal motivo por el que Dioniso había acudido a sus puertas: reivindicar su divinidad.

Estas mujeres guerreras son peculiares, lo sé, peus actúan llevadas por la locura y en la mayoría de casos, empleando la fuerza para herir a inocentes, como sus propios hijos. Pero, pensando en la que acompañan a Dioniso por decisión propia y no las hechizadas por el dios, no deja de ser un ejemplo más de mujeres que emplean la fuerza y su propio poder para defenderse.

5. Erinias

He dejado para el final a tres criaturas monstruosas que no sabía si debían o no estar en esta lista. Te cuento por qué he pensando en ellas para que formaran parte y déjame en los comentarios si crees que deberían o no estar incluídas.

Las Erinias o furias son tres hermanas nacidas de la sangre derramada de Urano sobre Gea, algunas versiones del mito las nombran como hijas de Nix o de Hades y Perséfone:

  • Megera representa la contienda y el odio que surge del desorden interno.
  • Alecto simboliza la inquietud del ánimo, que es la raíz de toda cólera y es la más terrorifica de las tres.
  • Tisífone repreenta la ira que surge del ánimo perturbado y es la castigadora de asesinos.

Son diosas ctónicas y preolímpicas cuya misión esencial es la venganza del crimen y especislmente las faltas contra la familia. Puesto que son fuerzas anteriores a los dioses olímpicos, no se someten a la autoridad de Zeus. Vivían en el Érebo o el Tártaro dependiendo de la versión y solo volvían a la Tierra para castigar a los criminales vivos; en su estancia en el Inframundo, sometían a los condenados a torturas sin fin.

Orestes perseguido por las Furias de Bouguereau (1862)

Una de sus intervenciones más famosas fueron contra Orestes. Este había matado a su madre, Clitemenstra, en venganza por el asesinato a su padre Agamenón, que había engañado a su esposa para sacrificar a la hija de ambos, Ifigenia. Las erinias tienen claro su cometido: atormentar hasta hacer enloquecer a Orestes, por parricida. Les es totalmente indiferente el motivo por el que le ha llevado a acto tan cruel, ellas son implacables. Persiguen a Orestes hasta que el propio Apolo intercede por él y lo acoge en su templo. Esto general un conflicto muy grave entre los dioses olímpicos y las Erinias, por lo que acaba intercediendo Atenea. Terminan convenciendo a ambos bandos, las Erinias y Apolo de que acepten el veredicto tribunal de Atenas. La diosa Atenea equilibrará el fallo del tribunal: Orestes será absuelto, pero tendrá que traer de la Táuride una estátua consagrada a Artemisa. Desde entonces, las Erinias son referidas en Atenas como Eumenides («benévolas») o Semmnai Theaí («venerables diosas»).

Debido a su naturaleza, y a pesar de ser criaturas divinas, los dioses olímpicos muestran una profunda repulsión, mazclada con temor reverencial, hacia estos seres. Los mortales, por su parte, las temen y huyen de ellas. Esto las convierte en seres totalmente aislados y marginados, lo que les llevará a buscar reconocimiento de los que consideran sus iguales.

Viendo a estas criaturas, feroces y tan terrorificas que son temidas hasta por los propios dioses, me parecía que encajaban bastante bien entre este montón de mujeres guerreras.


Y eso es todo por hoy. Con este capítulo quería revindicar que el arte de la guera nunca fue intrínsecamente masculino, sino que encontramos muchos relatos sobre mujeres que pudieron ser protagonistas de sus propias batallas, defendieron a los suyos con valor o que cumplieron sus venganzas. En definitiva, que en la mitología han existido desde siempr las mujeres guerreras.

Cuéntame, ¿conocías a todas estas mujeres guerreras?


¿Qué carta te enviaré sobre este tema?

Complementaremos este capítulo del pódcast con la historia de dos mujeres guerreras reales: Telesila de Argos y Gorgo de Esparta. Puesto que hemos visto qué ejemplos podemos encontrar en la mitología, he querido buscar a dos personajes históricos para analizarlos. Te contaré cuáles fueron sus historias, qué hicieron para lograr la victoria de su patria y por qué sí existían mujeres guerreras en la antigüedad, por mucho que los señoros se enfaden al hacer esta afirmación.

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