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En cuanto el frío empieza a adueñarse de nuestro días y los árboles se tiñen de dorado, nos inundan las historias de fantasmas. Algo muy primario nos vincula el otoño al Inframundo y a estas criaturas. En el capítulo de este mes, vengo acompañada de toda una experta en el tema, Beatriz Alcaná, que nos ofrecerá una cronología de cómo ha ido evolucionando la imagen y las historias sobre espíritus y fantasmas que nos hemos contando desde la Antigüedad.
1. ¿Quién es Bea Alcaná?

Beatriz Alcaná es licenciada en Filosofía y en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Obtuvo el premio extraordinario del máster de Estudios Interdisciplinares de Género en la Universidad de Salamanca y cursó el máster de Estudios de la Ciencia, la Tecnología y la Innovación, con un trabajo final sobre la obra de Ted Chiang.
Además, es una autora especializada en la ficción histórica y la novela de terror. Ha publicado las novelas Teseo en llamas, un Circulo completo y El evangelio del lobo y varias novelas cortas y relatos. Publica desde 2014 y, en este período de tiempo, ha sigo galardonada en diferentes premios literarios.
2. Historias de fantasmas de Grecia a la actualidad
2.1. Historias de fantasmas en Mesopotamia y Egipto
Si bien es cierto que el germen de la mayoría de historias de fantasmas actuales se encuentra en Roma, la primera referencia a un espíritu lo encontramos en Mesopotamia. Concretamente, en la Epopeya de Gilgamesh, donde este consigue recuperar a su amigo y amante Enkiru. Lamentablemente, al encontrarse la tablilla partida, no conocemos cómo se describe la vuelta al mundo de los vivos de Enkiru.
Avanzando en el tiempo, nos topamos con Egipto que es una de las civilizaciones más relacionadas y conectadas con la muerte. Su relación con la muerte era mucho más natural, pues se han encontrado plegarias que dirigían a sus muertos. La primera historia de fantasmas que encontramos en Egipto es en el Imperio Nuevo, entre la dinastía XIX y la XX. De hecho, es una historia que hace referencia a un problema histórico. Cuenta la historia de Khonsuemheb, un sacerdote de Amon, al que llaman de la necrópolis de Tebas porque tienen un fantasma. Habla con el espíritu manifestado, que es Nebusemej, un alto funcionario con gran poder en vida. Intentará negociar con él para que deje de deambular por la necrópolis, pero él solo necesita una cosa: restaurar su tumba y reanudar el culto funerario. Esta historia refleja el problema real de los saqueos y las vandalizaciones de las tumbas de la época.
2.2. Historias de fantasmas en Grecia
De hecho, este tropo, que un espíritu regresa al mundo de los vivos para reclamar unos ritos funerarios dignos, lo vemos repetido en diversas historias tanto en Grecia como en Roma.
Uno de los más famosos es Patroclo. No había sido enterrado adecuadamente, sino que permanecía su cuerpo en el campo de batalla. Se le aparece en sueños a su amante Aquiles y le pide que le entierre, pues que no le permiten entrar en el Inframundo. Esta historia la podemos leer en la Iliada de Homero y, de hecho, contamos con la primera descripción de un fantasma: aparece exactamente como el hombre que había sido en vida, lo que le distingue es que es incorpóreo, pues se desvanece como aire o ceniza cuando Aquiles intenta abrazarlo.

De hecho, a los griegos les gustaban mucho las historias de fantasmas. Podemos encontrar varios ejemplos en sus tragedias. En Los persas de Esquilo se cuenta la historia de Atosa, la reina persa, tiene una visión durante la noche, tiene la sensación de que le ha pasado algo malo al ejército y teme por la vida de su hijo Jerjes. Y, para conseguir información, invoca a su difunto marido, el rey Darío. Lo que es más interesante, es que nos dan la receta para conseguir hacer una invocación: una guirnalda de flores, aceite de oliva, vino sin mezclar, agua pura, leche de una vaca sin machas y un coro griego. Este fantasma acude a la llamada y confirma las sospechas de Atosa. En Hécuba de Eurípides, encontramos también un fantasma con buenas intenciones: Polidoro se presenta ante sus familiares para transmitirle información.
Pero no todos los fantasmas son bondadosos o tenían intenciones más vengativas. Ese es el ejemplo de Clitemnestra. Esta se aparece para reclamar que las Furias atormenten a su hijo Orestes, que había sido su asesino. Las Furias tenían como función molestar a los que habían matado a los de su propia familia, por lo que la petición de Clitemnestra no dejaba de ser asegurarse que su cumplía esta misión.
2.3. Historias de fantasmas en Roma
En Roma encontramos la verdadera primera historia, donde se sientan todas las bases de todas las historias de fantasmas clásicas y se crea todo el imaginario popular sobre la figura que aún tenemos de los fantasmas. De hecho, en Roma abundaban los fantasmas y se les daban responsabilidades para seguir cuidando de los vivos. En general, se llamaba manes a los fantasmas. También tenían los lares, que eran los espíritus familiares en los que se rendían culto en los hogares y los penates, encargados de cuidar que todo fuera bien en la despensa. Pero no todos eran benignos, sino que también existían los larvaes o lemures, que eran espíritus dañinos, condenados a vagar por el mundo de los vivos.
El origen del mito del fantasma e, incluso, de las historias de casas encantadas, la encontramos en una carta de Plinio el Joven le escribe a Sura. Actualmente la conocemos como la Epístola 7/27. Es del s. II dC, pero en ella Plinio nos cuenta la historia de un filósofo del s. IaC, Atenodoro de Tarso, un personaje histórico real. Nos cuenta que el filósofo viaja hasta Atenas y allí alquila una casa en la que hospedarse, que era particularmente barata. Obviamente, se trata de una casa encantada, por lo que la primera noche se le presenta un fantasma de un anciano de largas barbas y con cadenas. El anciano lo guiará hasta el jardín, donde encuentran sus restos encadenados. En cuanto le dan un entierro digno, por fin puede descansar.
Esta epístola será la primera historia de fantasmas, pero no la última. En el s. V encontramos un texto de Constancio de Lion, que nos cuenta la vida de san Germán. Se trata de un trasunto de la historia de Atenodoro. San Germán llega a una casa encantada en la que tiene que pasar la noche y se encuentra con los fantasmas de varios criminales que han sido enterrados en el jardín encadenados. La resolución es la misma.
De hecho, adelantándonos en el tiempo, ya en el Renacimiento, en el 1170, Antonio de Torquemala, un escritor español, escribe una colección de relatos El jardín de las flores curiosas y nos cuenta una historia muy parecida. Se trata de un estudiante de derecho en Bolonia. Encuentra una casa muy barata y en el ella se topa con un fantasma, cuyos restos están enterrados en el jardín.
2.4. Historias de fantasmas en la Edad Media
En la Edad Meda se multiplican las historias sobre fantasmas, porque también se multiplican las órdenes mendicantes y estas historias creaban ciertas tensiones sobre qué podría pasar en el Más Allá y conseguir donativos.
En la zona de Yorkshire conservamos una leyenda del 1400 sobre un hombre que va a peregrinar a Compostela, dejando a su mujer embarazada en casa. Durante el viaje, una noche, él intenta dormir pero se le van apareciendo varios espíritus de muertos. Cada uno va montado aquel animal que había donado a la iglesia (una mula, un caballo, un cerdito…). De repente, aparece el fantasma de un niño muy pequeño que va montado en un zapato, le mira y le dice que es su hijo. Este niño había muerto sin ser bautizado, algo muy habitual en la época. Al morir en el parto, no daba tiempo a que fueran bautizados y, por lo tanto, no podían ser enterrados en camposanto.

Este historia fantástica, tiene un trasfondo histórico real. La mortalidad infantil era altísima, pero no se les podía dar cristiana sepultura y, por lo tanto, estaban condenados al Purgatorio. Había una figura importante, el de las parteras. No solo ayudaban a dar a luz, sino que también ayudaban a las madres y a las criaturas para poder salvar sus almas. Era muy habitual que se colasen en los cementerios y los enterraban a escondidas de los párrocos para que tuvieran algo parecido a una sepultura y darles algo de paz a esas madre que habían perdido a sus hijos.
Otro tipo de fantasma relacionados con peregrinos o viajeros son los tres muertos que se aparecen en un cruce de camino. Generalmente de posición acomodada, pero que se presentan podridos o en forma de esqueletos con la intención de reflexionar sobre qué pasará en el Más Allá, independientemente de los placeres y lujos que has gozado en vida. De estos tipos de relatos encontramos muchísimo ejemplos, aunque se cree que provienen de Oriente, probablemente de la tradición persa. Este tipo de fantasmas se retoman en Canción de Navidad de Dickens, del que hablaremos más adelante.
El gran referente de los fantasmas de las letras es, nada más ni nada menos, Shakespeare. En Ricardo III, Clarence se le presenta al protagonista y le suelta, solemnemente: «Mañana en la batalla, piensa en mí». Se lo dice para clamar justicia, ya que lo ha matado. También se le aparecen estos espíritus al futuro Enrique VII para animarle en la batalla. Son fantasmas positivos, bastante conectado a la tragedia griega, pues son fantasmas que buscan justicia. Pasa lo mismo con el fantasma de Hamlet, que le pide venganza, pero también que restaure la dinastía.
2.5. Historias de fantasmas en la Edad Contemporánea

La iconografa del fantasma moderno la encontramos en los grabados de los clásicos góticos del XVIII y, sobre todo, del XIX. No hay apenas diferencias en las imágenes con la descripción que aparece en la historia romana de Plinio el Joven. En la primera oleada gótica del XVIII se buscaba aterrorizar mediante el ambiente, la exaltación de las pasiones, pero apenas aparecían fantasmas en sus historias. El mejor ejemplo de esta época es El viejo barón inglés de Clara Reeve en 1777.
Sí los encontraremos en abundancia en la segunda oleada gótica del XIX. De ahí pasamos de castillos en ruinas a mansiones encantadas y de los bosques o paisajes exóticos a ciudades más cercanas. De hecho, algo curioso de esta época es que los fantasmas más aterradores pasan a ser los de la propia mente. Esto coincide con el desarrollo de la psicología y la psiquiatría. Un ejemplo de esto es Otra vuelta de tuerca de Henry James, novela en la que se inspira la serie La maldición de Blay Manor. No lo comentarlo en más detalle para evitar spoilers.
Todos los elementos que encontramos en estas historias de fantasmas que tan bien conocemos fueron detallados por M. R. James en su artículo Some Remarks on Ghost Stories. De hecho, todo lo explicado coincide con lo hecho por Plinio el Joven. Empezando por dotar el relato de verosimilitud, como el truco de convertir a un personaje histórico como protagonista. La única diferencia es que M. R. James insistía en el que el fantasma debía ser malvado.
El autor aplica todo esto en el relato Silba y acudiré. En él, de hecho, aparece una característica que todos tenemos en mente: el trapo o la sábana que lo cubre. El protagonista, al intentar atrapar el fantasma, solo queda en sus manos el montón de sábanas viejas. Este elemento acabará convirtiéndose en un símbolo más del fantasma. Todo apunto a que hagan referencia a los sudarios en los que se envolvían a los muertos.
Todo lo comentado hasta ahora lo vemos perfectamente representado en dos de las historias de fantasmas más famosas de nuestra era: Canción de Navidad de Charles Dickens y El fantasma de Canterville de Oscar Wilde.
En el caso de la obra de Dickens, el protagonista de la historia es el señor Scrooge, un viejo ávaro y un jefe que hace la vida imposible a sus empleados. Un antiguo socio se le presenta en forma de fantasma en Nochebuena con una cadena metafórica, hecha con candados, escrituras de compraventa, talegas de acero… Esto es así porque había vivido tan atado al dinero que en la muerte debe cargar con todo este peso. El motivo de la aparición es advertirle que puede acabar igual que él y, tras esta primera aparición, recibe la visita de tres fantasmas: el de las navidades pasadas, presentes y futuras.
En El fantasma de Canterville de Oscar Wilde nos encontramos con una historia sobre un fantasma achuchable, a pesar de ser un criminal. Este fantasma también viste con cadenas, no porque sean metafóricas o porque le hayan enterrado con ellas; sino porque es el atuendo que se espera de un fantasma y desea asustar a los vivos. Su aspecto encaja mucho con el fantasma de Plinio: anciano, ropa hecha jirones, cabellera gris y sucia…
Ninguno de los autores hasta ahora habían descrito a los fantasmas como traslúcidos. Esto tal vez es algo por influencia por el cine y ha quedado muy fijado en el imaginario popular. Un ejemplo maravilloso que muestra una fantasmas traslúcida es el cuadro Spirit de George Roux.

2.5.1 Historias de fantamas escritas por mujeres
A partir del XIX la literatura y, concretamente, las historias de fantasmas, se convierten en un terreno de mujeres. Destacaremos la labor de dos de ellas: Maria Elisabeth Braddon y May Sinclair. Sus historias han sido recogidas y rescatadas por la editorial La biblioteca de Carfax y podemos leerlas en castellano.
Pero no fueron, ni de lejos, las únicas. También podríamos mencionar a Shirley Jackson y La maldición de Hillhouse. O a Josephine Leslie, autora de El fantasma y la señora Muir. Y muchísimas más.
Si buscas autoras más actuales, podría interesarte la obra de Ana Saiz, que acaba de publicar Fantasmagoria para principiantes; o JV Gachs con Amantes espeluznantes; Victoria Álvarez con Hojas de dedalera y La luz en la niebla… Hay mil ejemplos hoy en día de autoras que trabajan sus historias sobre este imaginario fantasmal.
Y eso es todo por hoy. Espero que hayas disfrutado de este recorrido por las historias de fantasmas desde Grecia hasta la actualidad. Como decía al inicio, ahora, con la llegada del otoño, todo se inunda de historias de fantasmas y me parece fascinante de que nuestra tradición, que creemos tan moderna, venga de los romanos.
Cuéntame, ¿conocías todas estas historias de fantamas?
¿Qué carta te enviaré sobre este tema?
Complementaremos este capítulo del pódcast con la historia de las primeras cazafantasmas de la Historia: las brujas de Tesalia. Un grupo de mujeres que tenían la fama de dominar la oscuridad, los fantasmas y la nigromancia, es decir, el arte de hablar con los muertos. Para ello, recordaremos cómo creían los griegos que funcionaba el Inframundo y la figura de la diosa de la brujería, Hécate.
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