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En nuestro recorrido por los dioses olímpicos, empezamos por los hijos de Cronos y Rea, y ya nos queda la última de las hermanas de Zeus. En este capítulo, te voy a contar el mito de Hestia, propio de la mitología griega; pero también cómo se convirtió en la Vesta romana y quiénes fueron las vestales romanas.

1. El mito de Hestia

1.1. El nacimiento de Hestia

¿Recuerdas el mito de los hijos de Cronos y Rea? Cronos había derrotado a su padre Urano al castrarle, pero recibió un maldición que caería sobre sus hombros: uno de sus hijos le destronaría, igual que él había hecho con su propio padre. La reacción normal de cualquiera supongo que es la misma que tomó Cronos: se comía a sus hijos justo después de que nacieran. Hestia fue la primera en nacer, la primera en ser devorada y la que tuvo que vivir sola en el interior de su padre hasta que llegaron sus hermanos. Si recuerdas el final del mito, Rea esconde al último de sus hijos (Zeus) y, junto con su madre Gea, lo entrenan para que sea capaz de derrotar a Cronos. Y lo hace, primero, liberando a sus hermanos. Le hace beber algo que le obliga a vomitarlos y, así, Hestia vuelve a nacer, en último lugar esta vez. Es por eso que se dice que Hestia es, a la vez, la más joven y la más vieja de los hermanos.

Representación de Hestia

Participó en la lucha contra los titanes junto a sus hermanos hasta que se hicieron con el trono del Olimpo, convirtiéndose así esta familia en los nuevos reyes divinos. Hestia vivió apartada de todas las intrigas propias de los dioses olímpicos. Era la diosa del hogar y presidía la casa familiar, pero también el hogar comunal de la ciudad. Esto hacía que Hestia fuera entendida como sinónimo de Hogar Sagrado y fue venerada por muchos pueblos al ser el centro natural del culto familiar. Aquí tenemos que remontarnos a los pueblos primitivos y entender la conexión tan íntima que existía entre el fuego y la vida. En las comunidades primitivas era habitual mantener un fuego perpetuo, fuera por razones prácticas, para proporcionar luz o por cuestiones rituales, mágicas o religiosas. Podemos entender a Hestia, como ente divino, mucho más antiguo que los dioses olímpicos, pues el fuego siempre ha sido un elemento imprescindible para la vida.

Es por ello que Hestia es una de las divinidades más veneradas en el culto. Es más, no suele entenderse a Hestia como un ser antropomórfico y aparece muy poco en los mitos. Sin embargo, tenía gran importancia y relevancia en la vida diaria de los antiguos griegos. Para que te hagas una idea, en lo rezos era la primera en invocarse y, durante las fiestas, la primera y última libación se dedicaban a ella. Incluso se han encontrado referencias a frases hechas o expresiones con ella como protagonista: «comenzando con Hestia» se empleaba para referirse a empezar las cosas adecuadamente y se llama «risa de Hestia» al crepitar del fuego, por ejemplo.

1.2. Hestia, diosa virgen

Una de las características más importante de Hestia es que es una de las dioses vírgenes más importantes. El fuego era entendido como un elemento puro o purificador y, por relación con este elemento, Hestia siempre era entendida como una diosa casta. Es más, las que se encargaban del cuidado del hogar eran mujeres solteras. De hecho, existían muchos tabúes relacionados con el fuego del hogar. Hesíodo nos advierte del peligro de exponer los genitales ante el fuego tras mantener relaciones sexuales, por ejemplo.

Es tanta la importancia de la virginidad de la diosa que los únicos mitos en los que aparece están relacionados con esta. En el Himno homérico a Afrodita se nos cuenta como Apolo y Poseidón habían intentando casarse con ella. Ella les rechazó a ambos de forma obstinada; pero, no suficiente con ello, juró permanecer virgen poniendo su mano sobre la cabeza de Zeus para hacer mucho más solemne su juramente. Su hermano ante esta declaración, le entrega grandes honores en sustitución al matrimonio y declara que su residencia sería el centro de la casa y que debía recibir la mejor porción en los sacrificios. Otra historia alternativa nos cuenta como Hestia le pidió a Zeus virginidad eterna y la primera porción en todos los sacrificios tras la derrota de los titanes.

El otro mito en el que aparece como personaje principal, llegado a nosotros a través del poeta romano Ovidio, es uno centrado en una de las fiestas divinas. Gea, la madre tierra, organizó una celebración e invitó a varios dioses, Hestia entre ellos. Participó de la fiesta junto a sus hermanos y sobrinos. Pasadas unas horas, se echó a dormir cerca de un rebaño de asnos. Príapo, hijo de Dionisio y Afrodita, dios menor rústicos relacionado con la virilidad, intentó violar a Hestia, pero uno de los asnos rebuznó despertándola a tiempo de evitar el abuso. Es por ello que los asnos son el animal predilecto de Hestia y el motivo por el cual se decoran asnos en las festividades y celebraciones dedicadas a ella.

2. Vesta y las vestales romanas

Como con la mayor parte de la cultura griega, tras la conquista romana, la figura de Hestia fue romanizada. Así, fue convertida en Vesta. Esta divinidad tenía exactamente las mismas características que la griega, pero su culto era incluso más importante en la civilización romana. Esto, de hecho, podemos verlo a través de las figuras históricas de las vestales romanas.

2.1. ¿Qué eran las vestales romanas?

Las vestales eran las sacerdotisas encargadas de custodiar el fuego sagrado de Vesta. Según la tradición, fue Numa Pompilio, el segundo de los reyes romanos, el que instauró este colegio sacerdotal. Sin embargo, según las leyendas, el culto se remonta a la primera vestal: Rea Silvia, la madre de Rómulo y Remo, los fundadores míticos de la ciudad de Roma.

Escuela de vestales romanas

Vesta era entendida como la diosa del hogar y tenía un poder simbólico muy fuerte, pues se la entendía como la protectora de toda la comunidad. Si bien es cierto que antes hablábamos del fuego de Hestia como el centro del hogar familiar y comunal; en Roma esto se expande también a todo el Estado. Así, el fuego de Vesta simboliza el hogar de todos los romanos, tanto la casa, la ciudad como el Estado. Es más, se creía que si el fuego se apagaba, por el motivo que fuera, era el preludio de una gran desgracia. Es por ello que las vestales fueron, sin exagerar, el grupo de mujeres de mayor importancia y relevancia dentro de la vida romana.

2.2. Obligaciones y ventajas de las vestales romanas

Tal y como hemos introducido, las vestales tenían una función ritual y sagrada de vital importancia dentro del imaginario y la creencia romana. Su principal cometido era custodiar el fuego sagrado que ardía en el templo de Vesta. Para ello, siempre había una vestal vigilando el fuego y si este se apagaba, ante todo lo que eso suponía, la vestal era azotada por su negligencia.

Otra de sus obligaciones era no mantener relaciones sexuales. Esto en parte tiene estrecha relación con que Hestia, y por lo tanto Vesta también, fuera considerada una de las diosas de la castidad, pero también era por razones legales. Toda mujeres la convertirse en una vestal dejaba la autoridad de su pater familias y pasaba a ser considerada una hija del estado. Por ese motivo, cualquier relación con un miembro del estado era considerado incesto. El castigo era horrible: la vestal era enterrada viva, pues estaba prohibido derramar su sangre, y el hombre ejecutado. Sin embargo, en los doce siglos de historia romana solo hay documentados 10 de estos casos, por lo que se ha entendido que este era un castigo poco ejecutado.

Lo interesante del estudio de las vestales romanas, sin embargo, no son tanto sus obligaciones sino más bien sus ventajas, pues, como veremos, eran el grupo de mujeres más «libres» dentro del mundo romano, pues gozaban de derechos vetados para la mayoría de mujeres:

  • No estaban bajo la autoridad de ningún hombre.
  • Podían disponer de bienes propios y hacer testamento.
  • Legalmente eran entendidas como una persona inviolable, herirlas estaba penado con la muerte.
  • Su palabra en los juicios era considerada verdad por defecto.
  • Tenían autoridad para perdonar a un condenado en determinadas circunstancias.

De hecho, todas estabas ventajas no cesabas si decidían retirarse tras sus 30 años obligatorios de servicio, sino que recibían una pensión vitalicia y eran libres de decidir su futuro. Podían vivir cómodamente sin necesitar un pater familias que decidiera sobre ellas o podían optar por buscar un matrimonio con la nobleza romana. A pesar de haber pasado la edad ideal, era muy prestigioso unirse con una antigua vestal, por lo que nunca les faltaban pretendientes.

2.3. ¿Cómo se podía formar parte de las vestales romanas?

Visto todo esto, puedes estar pensando que formar parte de las vestales era todo un lujo y que la mayoría de mujeres querrían formar parte de esta escuela sacerdotal. No puedo decirte si esto era cierto o no, pero sí que era muy difícil ser escogida como vestal. Veamos por qué.

Representación de una «Suma Vestal»

En primer lugar, el números de novicias era limitado. Existían tres etapas dentro de esta escuela sacerdotal, cada uno de los cuales duraba diez años: las novicias, las sacerdotisas y las instructoras. Normalmente, solo podían haber seis vestales pertenecientes a cada etapa. Además de estas, existía la figura de la vestalis maxima, que participaba en el Colegio de los Pontífices.

Además de esta clara limitación, las novicias debían cumplir una serie de características:

  • Niñas entre seis a diez años
  • Hijas de ciudadanos romanos con padres vivos y no pertenecientes a la vida sacerdotal.
  • No tener una hermana que fuese o hubiese sido una vestal.
  • Ser perfectas en cuerpo (sin cicatrices ni lesiones permanentes) y de mente (no ser mudas ni sordas).

Solo en casos excepcionales en las que una de ellas moría y se buscaba una sustituta se podía pasar por alta algunas de estas condiciones. Incluso se llegaron a aceptar mujeres divorciadas o viudas, siempre y cuando juraran voto de castidad durante su sacerdocio.


Y eso es todo por hoy. Como has visto, las vestales romanas fueron, de lejos, el grupo de mujeres con mayores derechos y libertades en Roma. Si bien es cierto no se puede decir que fueron totalmente libres, si disfrutaban de un estatus social propio, sin necesidad de estar supeditadas a un hombre, y de un respeto que no se solía prodigar a las mujeres.

Cuéntame, ¿conocías a las vestales romanas?


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