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Uno de los argumentos LGTBfóbicos es que lo que nos define e identifica como individuos no es más que una moda, algo que viene y va. Por eso me parece tan importante, especialmente en momentos históricos como los que estamos viviendo, recalcar que la cisheteronorma es lo realmente antinatural, pues durante toda nuestra existencia como especie hemos experimentado gran diversidad de identidades de género y orientaciones sexuales.

Es por esto que hoy te vengo a hablar de la homosexualidad en Grecia. En un capítulo anterior, ya hablamos sobre Safo, uno de los personajes históricos más importantes para el movimiento LGTB, pues dio nombre a los conceptos de lesbianismo y mujer sáfica.

Hoy vamos a trazar una perspectiva más general de la sexualidad y, más concretamente, de la homosexualidad en Grecia. Primero, te contaré los referentes mitológicos y filosóficos que nos pueden servir para entender el imaginario griego y su forma de vivir su propia sexualidad; y, para acabar, hablaremos de la realidad histórica de la Grecia antigua y cómo se vivía esta realidad.

1. Personajes LGB en la mitología y el imaginario griego

Antes de empezar, tengo que comentar es algo que ya me escuchaste decir en el capítulo dedicado a Safo. En la antigua Grecia no se tenía el mismo concepto de sexualidad. Por eso, es difícil decir que los griegos eran o no homosexualidad, sino que hablamos de que tenían relaciones homoeróticas, pues ellos mismo no se autodefinían de la misma manera que hacemos nosotros.

Teniendo esto clarísimo, podemos analizar algunos conceptos filosóficos y mitológicos para entender mejor como se vivía la homosexualidad en Grecia.

El mito de la media naranja de Platón y Aristófanes

Lo primero que tendríamos que hacer es hablar sobre el Amor, como concepto filosófico. Si has estudiado algo de filosofía, seguro que has leído y estudiado a Platón, pues es uno de nuestros referencies de la filosofía griega.

No pretendo explicarte la filosofía de Platón, pero sí necesitas tener en mente que Platón trabajada sobre la dualidad, pues el mundo estaba dividido entre el mundo de las ideas (ideal, perfecto, aquello a lo que alcanzar) y el mundo terrenal. Una de sus ideas principales es que el alma vivía atrapada en el mundo terrenal, dentro de un cuerpo, pero pertenecía al mundo de las ideas y pretendía mejorarse, perfeccionarse, para llegar a ella.

Esto, aunque parece que no, tiene que ver en parte con su forma de entender el amor, pues la definía como esa fuerza que nos impulsa a mejorar, pues ese amor siempre va dirigido al mundo de las ideas. Dentro de esto, se crea el concepto de amor platónico. Seguro que te suena al referirse a un amor inalcanzable, pues no deja de hacer referencia a esta dualidad entre el mundo de las ideas y el mundo terrenal. Puedes ver, por lo tanto, que es una idea de amor que poco tiene que ver con el romanticismo que expresamos actualmente.

Ilustración de un andrógino

Además de esto, Platón recoge en su obra El banquete un mito de Aristófanes. En él explica cómo los primeros hombres y las primeras mujeres eran prácticamente perfectos: eran cuerpos robustos con cuatro piernas, cuatro brazos, dos aparatos reproductores y dos rostros en la misma cabeza. Cuenta el autor que podían haber tres tipos de esta primera humanidad: dos hombres unidos, dos mujeres unidas o un hombre y una mujer, estos últimos recibieron el nombre de andróginos. Debido a su fuerza y poder, decidieron escalar el cielo y combatir contra los mismísimos dioses. Ante semejante osadía, Zeus decidió separarlo en dos. Sin embargo, cada mitad buscaba a su otra parte hasta conseguir unirse a ella e intentar volver a ser un todo.

Este mito nos naturaliza y nos presenta como normal una relación romántica y sexual con personas de cualquier género. En otras palabras, el mito que aún nos ha llegado actualmente de la media naranja tiene su origen en Aristófanes y este contempló el mito fuera de la heteronorma.

Podemos decir, por lo tanto, que el amor se entendía en general como algo casi inalcanzable o dificultoso, pero en todo caso no se limitaba a un género en concreto. Más adelante veremos que esto no era ningún problema porque el amor, generalmente, siempre se encontraba fuera del matrimonio.

Zeus y Ganimedes 

Esto puede verse sin problemas en la mitología. Empecemos con el dios patrón casi de las relaciones extramatrimoniales. Hemos hablado muchísimo de Zeus, tanto por lo que respecta a sus padres y abuelos, pero también de sus hijos; pero hemos dejado a un lado sus relaciones homoeróticas.

Zeus y Ganimedes de Anton Raphael Mengs (1758-59)

Una de las más famosas es la que vivió con Ganimedes. Éste era hijo del rey Tros, de Troya. El joven se había retirado al campo para continuar con su formación, junto con sus amigos y tutores. Zeus, al verle, se enamoró y lo raptó. Una de las versiones más extendidas es que se transformó en águila y se lo llevó al Olimpo. Otras, manda a una de sus águilas. Una vez en el hogar de los dioses, lo convierte en su amante, compañero de lecho y copero de los dioses, ocupando el lugar de Hebe.

Como puedes imaginarte, esto no gustó demasiado a Hera, la esposa de Zeus. Todo su desprecio se podría luego interpretar como parte del rencor que Hera sentía hacia los troyanos y serviría para justificar su implicación en la guerra.

El propio mito, además, nos presenta al padre de Ganimedes; pues echa de menos a su hijo y desea que vuelva junto a él. Sin embargo, Zeus envía a Hermes con regalos para compensarle la pérdida, además de la promesa de que su hijo será inmortal. El personaje del padre es bastante recurrente en los mitos de conquista entre un hombre adulto y otro más joven, lo que lleva a pensar que pudiera darse en la realidad estas relaciones con el consentimiento paterno.

Ganimedes vivió en el Olimpo toda su vida y, cuando esta acabó, Zeus le reservó un lugar en los cielos, en la constelación de Acuario (el Aguador), muy relacionada con la de Aquila (el Águila).

Apolo, Jacinto y Tamaris

Otra de las historias homoeróticas más famosas del imaginario griego es la que comparten Apolo, Jacinto y Tamaris. Aún no te he hablado de toda la historia de Apolo pero, para que puedas situarte, se trata de unos de los doce olímpicos, uno de muchos hijos de Zeus y mellizo de Artemis.

Esta historia empieza con el personaje de Tamaris, un aedo tracio, en otras palabras, un artista que interpretaba epopeyas acompañándose con un cítara. Es conocido en la mayoría de mitos como el primer hombre en tener relaciones con otros hombres. Tamaris se enamoró de Jacinto, que era un hermoso príncipe espartano que despertó las pasiones de varios hombres, divinos y mortales, pues Apolo también se había fijado en él.

La muerte de Jacinto de Nicolas-Rene Jollain (1769)

El dios Apolo, al verse con este rival en su conquista amorosa, decidió quitárselo de encima. Cuando escuchó que Tamaris se jactaba de cantar mejor que las Musas, les informó de esta osadía. Ellas, en castigo por esto, le privaron de la voz, la vista y la memoria. De esta forma, Apolo pudo conquistar a Jacinto sin demasiados problemas.

Sin embargo, no era el único que se había fijado en el príncipe. Un dios del viento, Céfiro en unas versiones y Bóreas en otras, sentía celos de la relación entre ambos y decidió acabar con ella de la forma más trágica. Mientras Apolo enseñaba al joven a lanzar el disco, el viento se apoderó de este y lo lanzó contra el cráneo del príncipe.

Apolo, sin embargo, intentó impedir la muerte de su amante. Antes de que Hades pudiera reclamar su alma, de la sangre derramada hizo brotar una flor, el jacinto. Según la versión de Ovidio, autor romano, las lágrimas del dios cayeron sobre los pétalos de la flor, dejando una marca que formaron las primitivas letras griegas AI («Ay»), como símbolo del lamento de Apolo.

Calisto y Artemis

 Júpiter y Calisto de François Boucher (1744).

Mientras que contamos con muchas historias de relaciones homoeróticas entre hombres, no encontramos tantas entre mujeres. Esto puede deberse a que no eran habituales estas prácticas (lo que ya hemos desmentido en el capítulo anterior sobre Safo y el lesbianismo en Grecia) o a que, por el motivo que sea, no nos han llegado muchas de estas historias hasta nosotros.

Si conservamos algunas historias en las que participan mujeres con inclinaciones sáficas, como es el caso de Calisto. Esta era una cazadora perteneciente al corte de Artemisa, diosa de la caza y de la castidad. Como todo su séquito, había hecho un voto de castidad. Zeus, sin embargo, se enamoró de ella y, para conseguir sus amores, se transformó en su propia hija, Artemisa, para conseguir de ella una relación sexual. De este encuentro, Calisto quedó embarazada.

Del final de este mito tenemos varias versiones. En una de ellas, Hera se entera de esta situación, la convierte en osa y le pide a Artemisa que la abata con sus flechas. En otras, es la propia Artemisa quien la transforma y la mata al verse su voto de castidad roto. Otra versión, en cambio, muestra una conversación bastante incómoda entre diosa y servidora. Calisto se baña junto a ella en un río y, al advertir la diosa del crecimiento de su vientre, Calisto le expresa que es culpa suya. Artemisa sin entender nada y sintiéndose engañada, la transforma en osa y la expulsa de su cortejo.

Calisto acaba teniendo a su hijo, Arcas, pero también muriendo y formando parte de las constelaciones, pues Zeus la convierte en la Osa Mayor. Una curiosidad es que el mito explica por qué la Osa Mayor jamás se esconde tras el océano, pues la titánide Tetis, esposa del Oceano y niñera de Hera, no le perdona la infidelidad.

2. La realidad de las personas LGB en la Grecia antigua

No es difícil adivinar que la homosexualidad en Grecia, entendida como relaciones homoeróticas, eran una realidad. Es algo que se expresa sin problemas en la filosofía, pero también su propia mitología y forma de entender las relaciones de los dioses, que no son más que el reflejo de las propias relaciones humanas.

Sin embargo, como ya te he avanzado, estas relaciones siempre se daban fuera del matrimonio. Como ya te conté en el episodio dedicado a Safo, en Grecia se daban las heterías, un espacio sesgado por géneros en el que hombres o mujeres adultos buscaban la compañía de hombres o mujeres más jóvenes. Se trataba de algo visto más como un intercambio, pues el adulto ofrecía una formación y el joven ofrecía su compañía.

Siendo la sociedad griega tan diferenciadora entre géneros, es lógico pensar que era más fácil encontrar esta otra mitad tuya con la que poder compartir intereses en alguien que compartía tu propia identidad y tu propia realidad.

El matrimonio, por lo tanto, quedaba relegado en una función simplemente reproductora; mientras que los cónyuges buscaban la compañía de sus semejantes. Esto podemos verlo en muchos personajes históricos que, casados o no, se acercaban más a personas de su mismo género, como la misma Safo, Alejandro Magno, Agatón de Atenas o todos los miembros del Batallón Sagrado de Tebas.


Y eso es todo por hoy. Solo pretendía poner mi granito de arena explicándote la homosexualidad en Grecia para dar visibilidad a una realidad que nos ha rodeado durante tanto tiempo. Es importante entender nuestra historia, tanto para saber hacia donde vamos como para hacía dónde nos dirigimos.

Cuéntame, ¿conocías estos mitos? ¿Conoces de otros que también expliquen historias homoeróticas?


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