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A lo largo del podcast, hemos ido haciendo un recorrido a lo largo de las historias que alzan a los doce olímpicos por encima del resto de divinidades. Vimos la historia de Zeus, la de su padre y la de su abuelo; y te he ido presentando a todos sus hermanos. Ahora, podemos empezar a hablar de esos hijos que también formarán parte del panteón. Hoy vengo a explicarte quién es la diosa Artemisa, una de mis favoritas.

1. ¿Quién es la diosa Artemisa?

Artemisa siempre es representada como una doncella joven, alta y vigorosa que viste una túnica corta hasta las rodillas, lleva arco y un carcaj. Suele estar acompañada de animales salvajes, sobre todo ciervos y liebres. Uno de los títulos más famosos de Artemisa es Agrotera, que significa Salvaje. Y es que se trata de un epíteto que define muy bien la naturaleza de esta divinidad, pues es entendida como una divinidad virgen dedicada a la caza. Aún es virgen (y, por lo tanto, no tiene un marido o pareja masculina), no vive sola; sino que le acompaña un cortejo de ninfas sirvientes, todas ellas habiendo hecho voto de castidad.

Escultura de Artemisa

De hecho, en ningún mito aparece Artemisa sintiendo interés por varón alguno. En el Himno homérico a Afrodita se cuenta que es invulnerable al embrujo de la diosa «puesto que el arco es su deleite y la matanza de bestias salvajes en las montañas; también las liras y la danza, los gritos a toda voz y los bosques umbríos y las ciudades de hombres justos».

Vemos, por lo tanto, que se nos da una visión asalvajada de la diosa, incluso feroz. Pero también podemos ser testigos de un aspecto agradable de su naturaleza y es que muestra preocupación e interés por los cachorros de todos los seres vivos, tanto animales salvajes como animales. De aquí proviene su rol de diosa de los recién nacidos, a la que apelan las mujeres durante y el parto, y de dos de sus títulos: Locheia (la del parto) y Kourotrophos (nodriza de los pequeños). Además, se trata de una diosa asociada a la vida de las mujeres y, por lo tanto, también se la relaciona con la luna. Hera también se ha visto representada por este astro y, en algunas ocasiones, se entienden estas diosas como contrarias, como es el caso de su enfrentamiento en la batalla de los dioses en la Ilíada.

Esta ferocidad de la diosa, este lado más salvaje, según los estudiosos, parece remitir a una deidad más antigua, denominada a menudo como la Señora de los animales salvajes. Esta es una gran diosa de origen muy remoto que fue venerada en la Creta minoica, la Grecia prehelénica y Asia Menor. Es algo que aún los estudios ponen en duda, especialmente porque nuestra Artemisa guarda grandes diferencias con esta diosa arcaica. La primera y más evidente es que esta era imaginada como madre maduras, en lugar de un virgen doncella.

Las principales características de la Artemisa clásica es que se trata de una diosa fiera, valiente y hábil en la caza y en el manejo del arco. Pero ,al mismo tiempo, no se trata de una divinidad marcial: no suele aparecer en las escenas bélicas mitológicas y, cuando lo hace, aparece siendo burlada o engañada. Como es el caso de la Ilíada, en el que Hera le golpea las orejas con su propio arco y acaba yendo tras su padre, llorando.

De forma general, Artemisa aparece en la mitología y en el imaginario popular como la diosa de la naturaleza salvaje y asesina de mujeres. Esta será una de sus función más importantes: agente de muerte. Algunas veces actuará en nombre de otro dios, otras por voluntad propia. Tanto es así que se llega a sospechar de la implicación de las flechas de Artemisa cada vez que una mujer muere repentina e inexplicablemente.

2. Nacimiento de Artemisa y Apolo

Si queremos analizar los mitos alrededor de Artemisa, debemos empezar por el primero: el de su nacimiento y el de su hermano gemelo, Apolo. Su madre fue Leto, una de las numerosas amantes de Zeus.

2.1. Primera versión del nacimiento de la diosa Artemisa

Según la primera versión del Himno homérico a Apolo, Leto concibió a los gemelos divinos con Zeus, pero le fue muy difícil poder alumbrarlos. El primer impedimento que encontró fue que le costó encontrar un lugar para hacerlo, pues todas las ciudades temían ser el lugar en el que se alumbraría Apolo, que se esperaba que sería una dios excepcional, soberano tanto de dioses como de mortales. Leto consiguió convencer a Delos para que la aceptaron al prometerles que sería el santuario principal de Apolo.

Decidido el lugar, todas las diosas acudieron a atender el parto, con la gran excepción de Hera, que permanecía en el Olimpio reteniendo junto a ella a Ilitía, la diosa del nacimiento. Es por esto que Leto pasó nueve días y nueve noches sufriendo los dolores del parte sin llegar a alumbrar a los dioses. Esto siguió así hasta que la diosa mensajera Iris hizo llegar a Ilitía la promesa de ofrecerle un espléndido collar si acudía en ayuda a Leto.

Con la diosa del nacimiento presente, Leto consigue dar a luz a sus hijos. Agarrada a una palmera, alumbró a Apolo en Delos; y a Artemisa en Ortigia. Aunque en esta primera versión Ortigia parece un segundo lugar, en las siguientes ambos nacen en Delos.

2.2. Versiones posteriores del nacimiento de la diosa Artemisa

Según versiones posteriores, las dificultades de Leto por encontrar un lugar de parto se explican por la hostilidad de Hera, explicación que parece más natural dada la naturaleza de la esposa de Zeus.

Nacimiento de Apolo y Diana de Franceschini

Según Calímaco, Hera envía a su hijo Ares y a la diosa Iris a ordenar a todos los lugares del mundo que no acogieran a la amante de su marido. Pero Delos se rebela contra la diosa e invita a la diosa Leto.

Apolodoro explica que Hera persiguió a Leto por toda la tierra hasta llegar a Delos, donde dio a luz a los mellizos. En esta versión, nace primera Artemisa y ayuda a su madre a alumbrar a Apolo. Esta versión es coherente con las celebraciones en Delos, pues el cumpleaños de Artemisa se celebraba un día antes que el de Apolo.

Por otro lado, Higino ofrece otra versión en la que Hera decreta que Leto no debía dar a luz en ningún lugar que fuera iluminado por la luz del sol y será perseguida por el dragón Pitón, que profetiza que dará a luz a un hijo que lo matará, pero Zeus acude en su ayuda al ordenarla a Bóreas (el viento del norte) que la lleve hasta Poseidón. Este la conduce hasta Delos y la cubre con olas durante un tiempo para aislarla de la luz del sol. Cuando días después del nacimiento, Apolo venga el trato de Pitón hacia su madre viajando al centro de Grecia y matándolo con sus flechas.

En cuanto a la isla de Delos, según algunas versiones posteriores, se trata de Asteria, hermana de Leto. Zeus, tras seducir y dejar embarazada Leto, se fijo en su hermana. Esta, sin embargo, no deseaba estar con él, por lo que huyó. Algunas de las versiones explican que acabó convertida en una isla: la isla de Delos. Esta isla en concreto es muy poderosa dentro del imaginario griego y está cargada de leyendas. Si te interesa descubrir sus secretos, dímelo más abajo.

3. La diosa Artemisa y sus asistentes

Los mitos más distintivos de la diosa están relacionados con las ninfas y doncellas de su séquito. Cuando se convertían en sus compañeras y sirvientas, quedaban ligadas a ella y a su modo de vida, por lo que veremos que no mostraba ninguna compasión si alguna perdía su virginidad o dejaban de acompañarla al campo de caza.

La transgresora más famosa es Calisto. De hecho, te conté su historia en un capítulo anterior. Esta ninfa fue seducida por Zeus de una forma muy peculiar: adoptando la forma de la propia Artemisa. Calisto acepta las relaciones con su diosa y señora, sin saber que es Zeus quien está debajo del disfraz, y acaba embarazada. Creyendo que no ha hecho nada malo, pues no ha perdido su castidad (entendida en la época), se desnuda frente a su señora para bañarse junto a ella y el resto de ninfas y Artemisa descubre así su embarazo. La diosa no razona con ella, impone su castigo de inmediato. Según algunas versiones, la convierte en oso y le dispara sus flechas. Sobrevive el tiempo justo para dar a luz a su hijo, Arcas, quien dio su nombre a Arcadia.

Júpiter y Calisto de Amigoni.

Veremos, por lo tanto, historias muy similares. Aquellas ninfas que se dejan seducir o dejan de atender la cacería de Artemisa acaban siendo castigadas con crueldad por la diosa.

Encontramos una historia posterior muy interesante, protagonizada por una fiel compañera de Artemisa: Britomartis. En algunos pueblos e historias, no se la consideraba una compañera, sino otra de las historias de la propia Artemisa. Cuentan la versión más antigua, de Calímaco, que Minos, rey de Creta, estaba desesperadamente apasionado por ella y la persiguió por las colinas de la isla durante nueve meses. Ella se escondía lo mejor que podía a través de la propia naturaleza que conocía tan bien y, cuando se vio casi atrapada, decidió lanzarse al mar por un acantilado. Sin embargo, no murió: cayó en las redes de unos pescadores y, desde entonces, fue llamada Dictina (la dama de las redes).

En una antología de mitos posterior, aparece un añadido al relato. Para escapar de Minos, buscó refugio entre unos pescadores. Con la ayuda de uno de ellos, Andrómedes, viajó hasta Egina. Al final del viaje, este intentó violarla, pero consiguió escaparse del hombre saltando por la borda y escondiéndose en el bosque de la isla. Luego desapareció sin dejar rastro, pero apareció en su lugar una estatua suya en el santuario de Artemisa. Los eginetas fundaron su culto en el lugar en el que se hizo invisible, bajo el nombre de Afeya. Seguramente se trata de que este nombre fuera el de una divinidad arcaica que acabó identificándose con Britomartis/Dictina y, posteriormente, a la propia Artemisa.

4. Relatos de venganza

Como has podido ver, la mayoría de sus historias van a girar en torno a la venganza. De hecho, sus aventuras se inician poco después de su nacimiento, pues según algunas versiones ayudó a su hermano Apolo a matar al dragón Pitón de Delfos.

Si bien la mayoría de veces se define a Artemisa como una asesinada de mujeres, contamos con varias historias en las que venga un agravio (una violación o intento de ello). Por ejemplo, se cuenta que colaboró en la muerte de Ticio, divinidad de la lujuria desenfrenada que intentó violar a Hera o, según alguna versión, a la propia Artemisa. Una de sus historias más famosas seguramente fuera la de Orión, su único compañero de caza masculino que intentó propasarse con ella y acabó muriendo bajo sus flechas. Corrieron la misma suerte los Alóadas y Búfago.

Fue especialmente cruel con Acteón cuando la vio por casualidad mientras se bañaba en un manantial, pues lo transformó en venado y envió a sus perros para que lo cazaran. No siempre termina sus historias con la muerte. En otra versión de esta misma historia, menos conocida, su «castigo» es ser convertido en mujer. Otro ejemplo es el de Alfeo, dios del río Peloponeso. Esta divinidad quiso intentar violarla aprovechando una fiesta nocturna que celebraba junto a sus ninfas, pero Artemisa ordenó que todas se cubrieran el rostro con lodo, resultando imposible que el dios la diferenciara.

Diana sorprendida por Acteón de Tiziano

No solo vengaba casos de abuso, sino que también castigaba cuando se negaban los honores apropiados en su culto o se la desdeñaban en cualquiera asunto. A ella o cualquier miembro de su familia.

Por ejemplo, vengó a su madre de la soberbia de Niobe, hija de Tántalo. Esta titánide tuvo una gran descendencia y se mofó de que Leto solo tuviera dos hijos. Llegó hasta tal punto que le negaba a tributarle honores, diciendo que ella los merecía más que Leto. Como represalia, los dos hermanos mataron a su abundante descendencia. Apolo se encargó de los varanos y Artemisa de las mujeres. Solo dejaron a una pareja viva: Amiclas, que había ofrecido una plegaria a Leto, y Melibea, que al presenciar la muerte palideció tanto que fue llamada Cloris a partir de entonces.

Otra de las historias más famosas de la diosa gira entorno al jabalí de Calidón. Cuando Eneo, rey de Calidón, la olvidó cuando realizó los sacrificios a todos los dioses, decidió enviar a un jabalí enorme a asolar sus tierras. Tal era el daño que provocaba, que tuvieron que refugiarse tras las murallas de la ciudad y el pueblo empezó a morirse de hambre. Hicieron llamar a los mejores cazadores de la zona, entre los que se encontraban algunos argonautas, Meleagro (hijo del rey) y una mujer: Atalanta. Aunque los hombres se negaron al ir a la caza con una mujer, el príncipe los obligó. Y suerte de ello, pues fue Atalanta quien hirió al jabalí con sus flechas y el príncipe quien lo remató. Y es que Atalanta no es otra que una heroína que fue criada y amantada por la propia Artemisa en su forma de osa.

Otro mito muy interesante sobre la venganza de Artemisa es aquella en la que pide el sacrificio de Ifigenia; pero, al tratarse de una historia que podemos leer de la pluma del dramaturgo griego Eurípides, creo que me guardaré esta historia para otra ocasión.


Y eso es todo por hoy. A pesar de la crueldad que esconden las historias de Artemisa, esta siempre ha sido una diosa que me ha gustado mucho. Por esa libertad que mantiene a todo precio, por ese séquito de ninfas que siempre le acompañan y por esa reivindicación de la dignidad de las mujeres que hace defender a flechazos.

Cuéntame, ¿sabías quién es la diosa Artemisa?



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